Alfredo Coronil Hartman en Homenaje a Lewis Pérez

A Antonieta, sus hijos y nietos, con firme amistad.

Ayer, inopinadamente, con la insolencia de lo inevitable, el corazón -aún joven- de mi amigo Lewis Pérez, nos jugó una muy mala pasada, nada nos hacia sospechar en la naturaleza amable, activa y cálida del luchador trujillano, un final abrupto, no obstante la noble máquina resolvió detenerse, irse a alentar iniciativas de inteligente convivencia y civilidad en otras latitudes, otras dimensiones, mas auspiciosas que esta tierra que pareciera haber perdido la gracia que el descubridor percibió en ella.


Conocí a “LP” como lo llamábamos sus amigos y compañeros en el CEN de Acción Democrática, cuando de la manera incansable, activa y suave que lo caracterizaba acompañaba a Luis Piñerua Ordaz seco, tajante, cortante en los afanes del poder partidista, prólogo de su candidatura presidencial. Sus temperamentos no podían ser mas distantes, por ello conformaron un equipo de trabajo político eficaz y cohesionado.


Trabajamos juntos esa campaña de 1978 en el estado Miranda, con la perfecta armonía que siempre imperó en nuestras relaciones, que después del revés electoral se afianzaron durante el tiempo en el cual LP desempeñó de Secretaria General, en esa entidad federal compleja, diversa y difícil, un verdadero país en miniatura.


Ni entonces ni después, no obstante divergencias de opiniones o de enfoque, surgió algún extremo desagradable y es que Lewis tenía cualidades, hoy desaparecidas en nuestro medio, era bien educado, cordial, receptivo. Nunca cultivó una estampa coriácea, dura inamistosa, posiblemente porque tenía carácter no necesitaba aparentarlo. Era además un hombre de familia que amaba a su esposa y a sus hijos, sin ostentar algo que era -como debe ser- natural y no autoimpuesto.


Va a hacer mucha falta en un momento de nuestra historia en el cual no abundan -precisamente- los componedores, sino los basiliscos, las caricaturas de guapos de barrio, jaquetones, belicosos e inútiles. Fue creyente y se que en el cielo, si fuese necesario, prestaría sus servicios para limar asperezas y precedencias entre ángeles y serafines, con la firme cordialidad con la cual se desempeñó en la tierra. ¡Dios lo tenga en la Gloria!


Alfredo Coronil Hartmann

Ítaca 4 de agosto de 2019.