Cese de la usurpación – Oswaldo Alvarez Paz

Este será el primer paso en el esquema trazado desde la Asamblea Nacional
según lo ratificado por sus voceros, especialmente por el Presidente (e) Juan
Guaidó.

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Iría acompañado con la designación de un gobierno de transición
hasta la realización de unas elecciones generales, limpias bajo la mirada y
seguimiento de la comunidad internacional.
Venezuela entera ha comprendido y aceptado esta ruta. En el seno del
pluralismo democrático hay distintas maneras de apreciar el proceso, pero
no tengo dudas con relación a la unidad relativa a estos tres aspectos
fundamentales. En mi opinión el cese de la usurpación, es decir, la salida de
maduro y el fin del nefasto régimen que desmorona a la nación, es básico
para la tarea de construir el nuevo país que anhelamos. Debemos entender
que mientras el régimen exista y Maduro siga al frente, no hay ni habrá
solución para ninguno de los problemas que nos aquejan. Todo se derrumba.
La crisis está sobre diagnosticada. Basta con mirar el drama educacional
cuando se está iniciando el año escolar, a todos los niveles. El deterioro de la
planta física de escuelas, liceos e institutos de educación superior es
dramático y está a la vista. Pero, peor que eso es la angustia existencial de los
estudiantes junto a padres y representantes que no saben qué hacer ante la
carencia de recursos para proveer lo mínimo, incluido el transporte. Estoy
convencido que éste problema, así como el resto que todos conocemos, es
consecuencia de una incapacidad altamente corrompida y, además,
ideologizada en la dirección socialista-comunistoide que han tratado de
imponer. Se trata de un nuevo fracaso de una ideología que murió hace rato,
pero generadora de políticas capaces de hacer mucho daño.
Nos acercamos al final del drama. Quizás sintamos preocupación legítima por
la lentitud del proceso de cambio y por falta de información veraz sobre

muchas cosas que están sucediendo. Sin embargo, estamos cerca. Hay que
prepararse para la confrontación final. De esto no saldremos “por las
buenas”. Lo saben todas las partes, pero el tiempo se agota.
Para que nadie se equivoque con nuestra posición, a estas alturas y en las
actuales circunstancias, rechazo cualquier esquema de “convivencia”, o de
entendimientos que no signifiquen el fin radical de la situación. Todas las
políticas tienen su hora. En el momento actual están agotados tanto el
camino de las “negociaciones” o “conversaciones” medio misteriosas. Otra
cosa son los posibles entendimientos más adelante para normalizar al país
sobre la base de la justicia honestamente aplicada.
En mí es infinita la absoluta solidaridad con los presos, los exilados, los
migrantes, los perseguidos y los acosados. Se trata de una de las
motivaciones fundamentales que tengo para continuar en esta lucha.