Hijas de Demi Moore hablaron sobre el alcoholismo de su madre

La protagonista de Ghost publicó el libro de sus memorias hace más de un mes, en donde habla sobre sus problemas de salud, familiares y de sus adicciones.

La publicación de las memorias de Demi Moore está dejando ciertos daños colaterales por el camino y también sacando a la luz algunas de las víctimas de su pasado. Las más directas, como no podía ser de otro modo, son sus tres hijas, de su matrimonio con el actor Bruce Willis.

El libro de Moore, Inside Out, salió a la venta hace más de un mes. Rumer, de 31 años de edad; Scout, de 28 años, y Tallulah, de 25 años, se juntaron con su madre en un set para formar parte del programa Red Table Talk. En este hablaron sobre cómo vivieron la peor etapa de Moore, su alcoholismo.

Tallulah Willis habló de lo duro que fue que su madre sufriera una recaída en la bebida después de una recuperación. “Era como si el sol se ocultara, como si llegara un monstruo”, explicó. “Recuerdo cómo la ansiedad recorría todo mi cuerpo cuando me daba cuenta de que sus ojos estaban un poco más cerrados, o por la manera en la que estaba hablando. O porque iba a ser mucho más cariñosa conmigo si no estaba sobria”, recordó.

“Era terrorífico”, la apoya Rumer, su hermana mayor, pero Tallulah aún contó más cosas. “Era muy extraño y había momentos en los que había mucha irritación”, explicó. “Me acuerdo de estar muy enfadada y de tratarla como si fuera una niña, hablarle como si fuera una niña. No era la madre con la que crecimos”.

Fuentes cercanas a los Willis Moore aseguraron a la revista People que la adicción y las dificultades personales que vivió la actriz son complejas.

La situación llegó a poner en peligro la vida de Moore, por lo que la familia pasó tres años sin hablar con la protagonista de Ghost. “Estaba sufriendo muchísimo mentalmente y no se cuidaba. No mantenía una buena relación con sus hijas y su vida era un caos”, aseguraron las fuentes.

Unas memorias duras y que sorprendieron en el mundo del espectáculo. La actriz habla -en orden cronológico- de sus problemas de salud cuando era niña, de cómo murió su padre cuando ella tenía 18 años de edad, de las dificultades para mantenerse en el cine, de las infidelidades que sufrió, de sus adicciones, de sus dudas respecto a su propio valor, de su trágico aborto a los seis meses de embarazo, de la cirugía estética y la desnutrición, de las drogas, de violaciones. “La mansión donde me casé está vacía. Mi marido me engañó y no quiere luchar por la relación y mis hijas no me hablan. Ni felicitaciones de cumpleaños, ni mensajes por Navidad”, dice al principio del libro.

Unas memorias que tuvieron mucha repercusión y que mostraron la cara menos amable de Hollywood y de la fama. Como ella misma dice: “Después de pasarme todo el tiempo corriendo, decidí enfrentarme a mí misma”.