Palo Abajo

Por costumbre muy nuestra cuando no queremos enfrentar algo inconveniente o que nos pueda causar alguna complicación o desagrado, adoptamos una actitud ajena y distante del problema para evitarnos confrontaciones, inclusive cuando sabemos con certeza que hemos cometido un error y debemos una excusa o explicación o una formal disculpa merecida.

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Todo eso a salvedad de situaciones en caliente que nos inducen a comportarnos con
agresividad activa o pasiva, y a tomar posiciones definidas, aunque estemos equivocados.
Hay dimes y diretes de sobra acerca de lo que debería o no hacer la bendita oposición de
partidos ante nuestra innegable realidad. Teorías y análisis políticos, pasajes y personajes
bíblicos, opiniones sociológicas, referencias históricas, adaptaciones geopolíticas, y cuanta
fórmula académica y explicativa posible para atacar o respaldar a los profesionales de la
oposición por sus actividades y actitudes.
Lo cierto es que la población venezolana está no solo en crisis sino en alarma constante por
cada día que transcurre en condiciones precarias de toda índole. El país dejó de ser una
caja de sorpresas porque la gente se levanta todos los días con la seguridad de la
invariabilidad del día con relación al anterior. Por el contrario, lo que se espera son
novedades negativas: más delito, más muertos, más angustia, más desencanto, menos
productos que comprar, menos electricidad, menos agua, menos comida, menos gasolina,
el bolívar difuminado, menos divisas, y así se desenvuelven los días. De más a menos
cotidianamente.
El panorama no lo discute nadie; pero se genera una constante y reiterada queja sobre las
posibilidades de empeoramiento, lo cual realmente es posible pero difícil de imaginar, y la
eventualidad de un cercano progreso proveniente de acontecimientos que proyecten luz
para un futuro que valga la pena vivir.
Ante todo esto, se debe comprender que el objetivo de los partidos políticos constituidos
en una oposición visible ante el gobierno es de actuar como tal, y por tanto sus
instrumentos, habilidades y acciones están organizados para dar una pelea netamente
política donde el arte de las posibilidades debe prevaler para conquistar espacios públicos
en el marco de un modus vivendi, conveniente para las partes en aparente discordia que
les permita la supervivencia para alcanzar en el tiempo una alternancia en el ejercicio del
poder en todas las esferas, no sin antes saborear las pocas posiciones que les permiten los
organismos controladores de los actos comiciales y el de los votos presumibles con los que
fantasean ( mini opositores del régimen). También se debe comprender que la real y
verdadera oposición contra el desgobierno y el curso que han tomado las cosas por
cuenta de los mandones está en el duelo que sufren cientos de familias venezolanas, en la
inseguridad que padece el pueblo en cualquier parte del territorio nacional, en las colas
largas y sin término que hacen las madres para comprar harina pan, gas, leche, aceite y

medicinas para sus hijos y allegados que sufren la calamidad de la escasez como algo
convertido en el rosario nuestro