Elevada asistencia social como un socialismo encubierto

En la muy comentada obra, en su mayoría por lectores de pocas páginas, de Carlos Marx El Capital se plateó hace unos 150 años—el primer Tomo se publicó en 1867, y el segundo y tercero fueron publicados por F.

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Engels en 1885 y en 1894 luego de la muerte de Marx—reemplazar la propiedad privada en favor de la
propiedad pública; propuesta que resultó “atractiva” en el siglo XX (especialmente) para un grupo de
naciones, con la URSS, Yugoslavia y Checoslovaquia en rol preponderante en conjunto con otros 27 países ,
que en su mayoría se fueron “desencantando” al punto que en la actualidad subsisten como comunistas
apenas seis (6) países de un total de 194 soberanos—reconocidos por la ONU con autogobierno y completa
independencia—es decir un ¡3,01% del total!: Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (entre 1922 y 1991),
Corea del Norte (Dictadura socialista desde 1945), República Popular China (Partido único desde 1949 con
componentes de economía de mercado en la actualidad), Cuba (partido único desde 1959), Laos (partido
único desde 1975), y Vietnam (partido único desde 1976); los cuales optaron por el socialismo a la luz de
regímenes políticos autoritarios y represivos que hicieron uso intensivo de la violencia; mientras que con
posterioridad otros países han asumido la “iniciativa” socialista tales como Venezuela (desde 1999),
Nicaragua (desde 1999) y Bolivia (desde 1999 hasta 2019).
La presunta separación que induce el modo de producción capitalista entre las personas y el producto de su
trabajo, fue el argumento que impulsó a Marx para proponer la colectivización (apropiación colectiva por
expropiación o por nacionalización) de los medios de producción y de intercambio en pro de eliminar el
modo de producción capitalista al extremo de propiciar la supresión del Estado. Es de resaltar, que en El
Capital no existe propuesta alguna en torno a un modo de producción colectivista (comunista), habida
cuenta que la obra está fundamentalmente orientada a demostrar el colapso del capitalismo, y donde la
conceptualización de economías colectivistas no aparece descrita; y en honor a la realidad del año 2019 y en
concordancia con la definición de “comunista” bajo el enfoque tradicional marxista-leninista de “economía
planificada” solo queda un país comunista: Corea del Norte.
A pesar de la “soledad comunista” arriba reseñada, el denominado Movimiento Comunista Internacional que
surgió en 1919 como una de las dos ramas en que se dividió el socialismo mundial (socialdemocracia y
comunismo), hoy día amorfo (sin forma definida) e ideológicamente disperso hace uso de “métodos
capitalistas” para la acumulación de riqueza y poderío militar (principalmente China y Rusia) con el objetivo
primario de desafiar a Occidente fundamentándose en una alianza política, económica y militar conformada
por Rusia, China, Vietnam, Cuba y Corea del Norte, que pone énfasis en el antiamericanismo propiciando el
acercamiento de cualquier país o movimiento que se “enfrente” a Estados Unidos en pro de “derrotarlo”,
como condición para imponer un socialismo o comunismo real sin debatir ideológicamente las complejidades
del marxismo, limitándose a intentar destruir conceptual y materialmente los principios del libre mercado. Es
así, que algunos países occidentales se han visto forzados por la izquierda mundial (incluida la violencia
callejera) a instrumentar políticas económicas de perfil socialista apuntalando la restricción del derecho de
una mayoría poblacional a la propiedad privada; e igualmente para fracturar los mecanismos de la libre
empresa a través de un inducido intervencionismo estatal “obligado” a instrumentar altos impuestos y
frondosa asistencia social hasta perfilar un tipo de “socialismo encubierto” que en realidad termina
sufragando el pueblo por la vía impositiva, incremento de la deuda nacional y una insuficiencia fiscal que
dificulta adelantar las exigencias en políticas públicas.
A tenor de lo señalado, puede inferirse (extraer una conclusión a partir de hechos) que una elevada asistencia
social más allá de lo racional (que obedece a juicios basados en el pensamiento y la razón) constituye en sí
misma una forma de comunismo ya que los altos impuestos constituyen en la práctica una nacionalización de

los activos privados como una estrategia para la desaparición gradual del sistema de propiedad privada en
razón que los ingresos empresariales se “convierten” en activos estatales como resultado de un saqueo de la
riqueza ajena sujeta a posterior “redistribución” (usualmente de manera ineficiente y corrupta) en el marco
de una legislación emanada en una democracia presionada, amenazada, violentada y solapada. Sirva de
referencia, que en los Estados Unidos que cerca del 48% de los ingresos públicos se destinan al seguro social y
cobertura médica, siendo que más del 80% de ese dinero proviene de impuestos a la renta personal e
impuestos de seguridad social y un 11% de impuestos corporativos; mientras que en América Latina y el
Caribe entre 1990 y 2017 los ingresos tributarios como proporción del PIB aumentaron continuamente
pasando del 15,5% al 22,6%.
Reflexión final: Un estudio publicado en “The Royal Society Open Science” (abril 2018), concluyó afirmando
que vivir bajo el comunismo hace que los países sean más pobres y menos saludables habida cuenta de tener
niveles más bajos de salud, ingresos y educación que propicia una baja esperanza de vida. A pesar de ello, la
izquierda mundial tiene el cinismo y la osadía de pretender liderar un “plan” universal de asistencia social,
cuyo trasfondo es un “socialismo encubierto” que implica, por manifiesta obviedad, una estrategia
anticapitalista como forma de supervivencia ideológica que a todas luces está distanciada de un modelo
especifico de desarrollo económico-social.
Economista Jesús Alexis González