Polvorín

Aquellos que se sienten los representantes innatos de la oposición en su condición de
políticos curtidos y estadistas naturales se han tardado mucho en entender la forma de
enfrentar esta dictadura de pacotilla iniciada hace lustros por un megalómano que, además nos dejó un legatario peor que él mismo.

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Las lumbreras de la política criolla no han
logrado ni siquiera cohabitar efectivamente con los caicamacanes de este régimen. Mucho
menos orientar una salida de los tiranos para poder iniciar la verdadera transformación de
la nación.
Es obligatorio para aquellos pretendientes a representar a la mayoría opositora del país la
unificación de esfuerzos en una misma dirección y objetivo. No más acusaciones ni
zancadillas entre los que se creen con más condiciones o derechos que otros a presidir un
gobierno de transición. Nadie tiene corona. Hay que darle apoyo a cualquiera que esté
dispuesto a ceder su vanidad e imagen en favor del bienestar colectivo. Hay que rodearlo y
apoyarlo positivamente, sin mezquindad, sin vanidad, sinceramente para que trabaje por y
para el pueblo. Para todos sin excepción. Para una sociedad equilibrada y no abusada. Por
Venezuela primero para sacarla de este torbellino de inmundicia, inmoralidad y anarquía.
Parece haber un pequeño resquicio de reflexión sensata entre los directores de los múltiples
partidos quienes llegaron a la conclusión de mantenerse unidos en torno a la presidencia
actual de la Asamblea Nacional y ratificarla para el año 2020. Aparentemente la AN no ha
cedido su legalidad como la única institución legítima actuante en este desorden
normativo. Podrían ponerse de acuerdo para ser proactivos y disolver al tsj (sic) por ser
un órgano derivado que se ha constituido en artífice dañino e inconstitucional de la
república. Desde luego con el coraje de los diputados íntegros que se han mantenido fieles
a los principios democráticos y sin caer en traiciones abiertas o solapadas de algunos
cuadrados con el oficialismo, pero disfrazados de miembros de partidos genuinos de
ambiciones.
Para la totalidad del país opositor el proceso esperado de transición ha sido lento y
desesperante, pero seguramente proviene de la falta de divulgación de lo que posiblemente
cocinan discretamente los cercanos que buscan la fórmula conveniente. La participación en
eso debe ser plural, pero no indiscriminada. Mientras, se debe mantener la presión en
todos los frentes y no darle “papaya”, como dicen los colombianos, a la egolatría y
autosuficiencia de estos aventureros.
No desencantarse ni decaer hasta lograr el éxito es el único fin. Ya la ruta ya fue marcada
en el primer mes de este año. Sí, ha habido algunos obstáculos y fracasos en el trayecto
pero la guerra está por ganarse si insistimos y nos mantenemos firmes en el propósito
diseñado. Todos los venezolanos estamos enlistados para cooperar y no debemos dejarnos
desviar por un oasis inexistente. Por espejismos del desierto.
Hace veinte años muchos se ilusionaron con el pajarito, pero este voló y solo dejó su
plumaje descolorido y marchito; aparte de hambre, miseria, ruina y más abuso y
arbitrariedad. Ya el pueblo está agotado, a pesar de los regalos míseros que les dejan
chorrear los grandes ladrones que negocian todos los bienes que ponen en circulación.
Cuidado, el pueblo no es pendejo, solo bastante aguantador.

11.12.19