La bonita y verdadera historia de Papá Noel

La leyenda del famoso Papá Noel es conocida a nivel mundial,  prácticamente no hay nación en la que no conozca del hombre encargado de entregar obsequios a los niños del mundo.

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Es una figura llena de historia y alegría que ameniza la época decembrina, que varía también según el país.

Santa Claus, como también es conocido, vivió en Myra durante el siglo III y IV, entonces esta ciudad pertenecía al imperio romano, en la actualidad Turquía. Sus padres lo bautizaron con el nombre de Nicolás. De familia acomodada económicamente, quedó huérfano de pequeño.

 

Su vocación religiosa lo inspiró a donar la fortuna que había heredado a los más necesitados. Fue ordenado sacerdote cuando tenía 19 años y al tiempo se convirtió en obispo, reseñó en un trabajo especial El Clarín.

La larga tradición de asociar su nombre con los regalos viene de su entrega a las familias pobres y a los niños, a quienes, se dice, regalaba juguetes que él mismo fabricaba. Tal era su preocupación por los más pequeños que llegó a ser conocido como el “obispo de los niños”.

Después de su muerte, un 6 de diciembre, en su nombre empezó a celebrarse la costumbre de hacer regalos a los más chicos. Con el correr de los siglos esta tradición se trasladó a la Nochebuena.

 

¿De dónde surge su figura?

La estética de la imagen que todos identificamos con Papá Noel es la del dibujante que trabajó para Coca-Cola en 1931.

En cada país tiene su historia

En Inglaterra, a fines del siglo XIX, las publicaciones de historias hablan de un hombre misterioso, rodeado de un aura mágica, que visitaba los hogares en la víspera de Navidad, para dejar juguetes a los niños. Algunos lo llamaban “Santa Claus”, otros “Padre Navidad”. Por fin ambas figuras se fusionaron, llegando con regalos la noche del 24 al 25 de diciembre.

Los franceses, por su parte, comenzaron a llamarle “Père Noël” o “Padre Navidad”. Noël es la forma francesa de natal que significa el día del natalicio, refiriéndose a la fecha en que nació Jesús. Como sea que lo llamemos, lo cierto es que pasaron muchos siglos desde la vida de este obispo de Myra en la tierra y que, cuentan, fue tan santo como puede ser un hombre.

Los nórdicos en su lengua lo llamaban “el que lo cura todo”, también le atribuían propiedades afrodisíacas y de fertilidad. Motivos más que suficientes para que sus ramas estuviesen presentes en sus hogares y muy especialmente en la entrada de sus casas.