Jovito Villalba: ¡ un ejemplo a seguir ! – Arnaldo González Ponce

He querido en momentos en que la angustia, el desasosiego y la desesperanza acompañan al pueblo venezolano, y que son potenciadas por la presencia de la pandemia del Covid 19, abrir un espacio para recordar el 112 natalicio de Jóvito Villalba, hoy 23 de marzo de 2020.

“El quehacer político, la política, es pugna de intereses y competencia de ambiciones, pero es también, paradójicamente, trabajo para el entendimiento, entre los hombres y la unidad de las fuerzas sociales. En esta aparente o real contradicción de sus fines residen su interés y su grandeza. Gracias a esa contradicción, en el tablero de la política alternan el rufián con el apóstol, el demagogo con el estadista y el tirano con el libertador” (Villalba, 1966).

La conducta de los hombres, su legado histórico no siempre es recogida con la objetividad debida, y pareciera regla general que la mezquindad prive a la hora de valorar a algunos que entregaron su vida por la Libertad y la Democracia de su patria.  Creo que es el caso de Jóvito Villalba.

La profundidad del pensamiento de Villalba, se encuentra recogida en su vehemente, persistente e inacabable defensa de la Unidad y el Entendimiento entre los venezolanos
para constituir gobiernos de Concertación Nacional que permitieran su viabilidad y trascendencia en el tiempo. Primero institucionalizando un país con las reformas requeridas, y segundo permitiendo la participación de los diversos sectores de la sociedad en las decisiones de alto calibre, sin sectarismos ni hegemonías de ningún tipo.

“En mi vida no tendré años, ni meses, ni días suficientes para arrepentirme de la vergüenza de haber pertenecido a un Congreso incapaz de comprender la necesidad de
la reformas políticas” (Villalba 1945, Congreso de la República). Duras palabras a propósito de su defensa al derecho de los venezolanos a elección directa del Presidente
de la República y a la incompatibilidad del ejercicio de la condición de Diputados y de Ministros simultáneamente.  Luego Medina le reconoció a Mario Briceño Iragorry que: “No sabe cuánto me arrepiento de no haber acompañado a los que querían reformar la
Constitución en 1943” (Contra el Olvido. Conversaciones con Simón Alberto Consalvi).
Arrepentimiento devenido del golpe del 18 de Octubre 1945.

En el Teatro Olimpia de Caracas, en conferencia cuya radiodifusión a todo el país negó el
Gobierno, no duda en alertar a la Junta Revolucionaria de Gobierno diciéndole entre otros puntos: “Las cosas hubieran pasado de otra manera, no tendríamos entre nosotros
peligros de conspiración, ni conspiradores, sin en vez de constituir el 18 de octubre de 1945 un Gobierno de partido, se hubiera constituido un Gobierno de Unidad Nacional”.
Además denunciando con pasión, el precipitado llamado a elecciones “cuando todavía la
pólvora desprendía su olor en las calles de Caracas, cuando los partidos políticos no
estaban organizados, cuando la sociedad estaba confundida por los hechos ocurridos”.
Sentenciaba Villalba “La candidatura de Gallegos es el camino para retener el Poder, para conquistarlo por cinco o diez años más, para intentar crear una hegemonía que devolviera al país a épocas oscuras, para desde el Poder eliminar la posibilidad de una justa electoral abiertamente democrática y competitiva”. No se le escuchó y se produjeron los hechos que desembocaron el 24 de noviembre de 1948 con el derrocamiento del primer presidente electo en votaciones directas y secretas.

Y tal y como lo señala el poeta, escritor, abogado y fundador de la Biblioteca Ayacucho  José Ramón Medina, en un acto en el hotel Avila de Caracas, 1966:  “¿Cuál es el significado que tuvo la gloriosa jornada del 30 de noviembre de 1952? Los acontecimientos que prepararon el suceso electoral no fueron otra cosa que una tenaz batalla por aglutinar los esfuerzos de todos los venezolanos alrededor de la tesis de la Unidad Nacional, fundamentada en la eficacia del voto. Unidad Nacional y lucha contra el abstencionismo, aprovechando las pocas vías que apenas dejaba abiertas el amañado proceso eleccionario de la Dictadura. Y sin embargo por esos estrechos caminos penetró la voluntad nacional para preparar el sonoro triunfo de la democracia venezolana, en una época que parecía destinada solo al fracaso y al escepticismo. Es el mismo pueblo que mirándose en el de aquella hazaña primera, fue también la que realizó la empresa clamorosa del 23 de enero de 1958”.

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El Pacto Punto Fijo, sacó a Venezuela del militarismo ramplón del revolver en la cintura y de la lucha armada revolucionaria exportada por Fidel Castro. Durante  40 años, se estabiliza la vida democrática en el país y Venezuela, logra avanzar desde el punto de vista político, económico y social. La gran tesis de la Unidad Nacional, preconizada por Jóvito Villalba, quedó plasmada en el Pacto de Punto Fijo. En la gráfica, los padres fundadores de la democracia venezolana: Jóvito Villalba (Firmando Punto Fijo), mientras Rómulo Betancourt y Rafael Caldera, de pie, esperan su turno para hacer lo mismo.

 

El Pacto de Punto Fijo que fue calificado por Manuel Caballero como “el documento más
importante en la historia de la República de Venezuela después de 1830” (La peste militar, p. 20), fue rubricado por Villalba sin vacilar, porque suponía: a) La Defensa de la
constitucionalidad conforme al resultado electoral”; “b) Un Gobierno de Unidad Nacional” y “c) un Programa mínimo común” dando nacimiento a una alianza que dio soporte a la incipiente Democracia, pero que, sin embargo, duró 40 años, con los altibajos conocidos por todos.

Jóvito defendió con argumentos contundentes, la no reelección absoluta del Presidente de la República. Esa tesis implicaba en si misma una defensa a la democracia Interna de
los partidos políticos y al relevo generacional, pero fundamentalmente a la alternancia el
en Poder – ¿Cuántos eventos nos hubiésemos ahorrado si se hubiese impuesto su tesis? – pregunto.

Asimismo advirtió, que peor que un golpe de Estado era la revolución de las miserias
sintetizada en aquella frase “Aquí va a pasar algo”, cuando vio con claridad cómo se estaban dejando de lado las necesidades sentidas del pueblo y se incrementaba el cinturón de miseria que pululaban en todos los estados de Venezuela.

Jóvito Villalba, en apretada síntesis, supone en sí mismo Unidad en la diversidad, lucha
sin cuartel en defensa del voto y riesgo para lograr los objetivos democráticos, desprendimiento, altruismo. Sin duda alguna:  ¡ Villalba, es  un ejemplo a seguir !

Arnaldo González Ponce.
Secretario General de URD